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miércoles, 20 de marzo de 2013

un dia en el campin

colombia jugo con mexico en la sub 20, hace dos años, en la que perdio 2-1 ganando mexico, se jugo en el campin de bogota.




aqui estoy con maria alejandra en el campin de bogota, no lo conocia me parecio grande, estabamos en la parte de arriba se puede observar por sus rejas, lo unico triste fue cuando salimos, con la decepcion de no ver ganar a colombia pero con la alegria de que jugaron muy bien.



mi tour

fue despues del grado que nuestros padres nos regalaron el viaje por ser buenas alumnas con mis amigas, la verdad no me gustan las fotos y menos en el calor de cartagena, santa marta y la guajira, duro solamente 9 dias, nos fuimnos en carretera y para llegar a cartagena duramos un dia entero, dejamos la malaeta y lo primero que hicimos fue a conocer el mar, despues a conocer esa bella ciudad, duramos dos dias, despues conocimos la guajira, fue de pasada y el mayor tiempo estuvimos en santa marta.



esta es una imagen la tomo mi amiga diana, ibamos en el bus, cartagena es una ciudad grande pero facil de conocer sus barrios, asi que nos subimos en el bus para ir al castillo de felipe,compramos un raspado, despues nos de volvimos al hotel a empacar, fue una de las fotos mas bonitas que se tomaron.




esta fue la lancha que nos llevo a taganga esta ubicada en santa marta, su mar es hermoso, sobre todo en la hora de la mañana, porque su agua era cristalina y se podia observar los peces sin necesidad de busear, sus olas no eran tan fuertes, asi que no daba tanto miedo, las personas nos colaboraba con todo, personalmente no se nadar asi que un señor nos llevo hasta un punto del mar para mirar los animales que se encontraban alli, nunca habia visto estos ni en internet, eran con puntas en todos los lados, parecia de palo, no se todavia su nombre.



este gato era del hotel de santa marta, estabamos en la epoca de navidad, fue despues de mi grado como el 09 de diciembre del 2011 asi que en la parte de atras, se logra ver el arbolito de navidad, llevamos al gato a nuestra habitacion y duro dos dias con nosotras, era apenas un bebe.

en manzanares

el viaje que hicimos fue inesperado, viaje con mi hermano y un amigo, pero duro un fin de semana, de bogota a manzanares esta a 7 horas, pero antes de llegar fuimos al nevado del ruiz, pero no se podia entrar porque estaba en erupcion, y alli se encontraba unos estudiantes de la nacional de manizales, solo pudo entrar una familia para arrojar las cenizas de un pariente y fue porque tenia permiso.
esta foto es de las afueras del nevado del ruiz, el hombre que se ve de gorra blanca era el profesor, no se logra ver bien les pido disculpas pero la tome desde mi celular, un aviso que se ve alfondo alli es la entrada, estaba nublado, cuando nos trasladamos a manzanares la carretera estaba imposible, casi no se lograba ver.






esta foto es una del recorrido que hicimos pero fue con el celular de mi hermano que si se logra ver bien, fue cerca del nevado.











esta imagen es de manzanares, se logra ver la iglesia, ese es el centro se podria decir, manzanares es muy pequeño y en ese momento estaban en cabalgatas, fue grandioso, los invito a que conozcan es muy bonito y las personas acogedoras, el poquito tiempo que duramos aya fue grandioso, despues fuimos arboleda que son dos horas de manzanares, pero era una finca muy pequeña y era del tio del amigo de mi hermano asi que me enseño de cafe, y quede sorprendia porque los campesionos su trabajo es mal pagado y aparte, ellos tenian que comprar los alimentos en el pueblo, el suelo ya estaba demaciado contaminado por lo agroquimicos asi que no se podia utilizar.

un poquito de mi

el dia de mi graduacion en mi colegio, eso sucedio hace dos años, quiero que ustedes conozcan un poco de mi vida, ese dia fue tan triste, en ese momento habia llorado.

martes, 19 de marzo de 2013

la combustion antes de lavoisier

En nuestra entrega anterior tuvimos ocasión de señalar que las cuestiones centrales de la investigación química tenían que ver, por un lado, con el intento de entender la composición de las sustancias, penetrando, así, en la naturaleza de los “llamados” elementos –fuego, aire, agua y tierra– , y, por otro, con el desentrañamiento del cambio químico. De estos cambios químicos uno de los más espectaculares era, sin duda alguna, la combustión.


La combustión


¿Por qué era la cuestión de la combustión tan importante? ... En primer lugar porque se trata del más espectacular y fundamental de todos los procesos químicos familiares. En segundo término porque es un proceso en el que aparecen implicados los cuatro elementos aristotélicos y en tercer lugar porque la combustión es, literalmente, de importancia vital: ya que es una lenta y regulada combustión la que mantiene el calor animal en los procesos metabólicos de los que depende la vida animal.

A fin de orientarse en el proceso de desentrañamiento de la naturaleza de la combustión conviene tener claras ciertas ideas sobre el modo en que ésta se concibe desde nuestra perspectiva actual (que no es otra que la de Lavoisier):

a) El aire es esencialmente una mezcla de dos gases, oxígeno y nitrógeno.

b) La combustión y la respiración implican reacciones químicas entre compuestos de carbono y oxígeno con producción de agua y dióxido de carbono, excepto cuando el reactivo sea sólo carbono en cuyo caso únicamente se genera dióxido de carbono.

c) Cuando un metal se calienta en presencia de aire, se forma un óxido (cal) al combinarse aquél con el oxígeno - el proceso recibía el nombre de calcinación en la literatura alquímica-.

d) Muchos óxidos, al ser calentados con carbón, generan el metal y dióxido de carbono, resultado de la combinación del oxígeno del óxido con el carbono.

e) El óxido de mercurio, tiene, sin embargo, la inusual propiedad de convertirse en mercurio metálico sin el concurso del carbón al calentarse a temperaturas elevadas.




El esquema anterior no nació ex nihilo y no fue, ni mucho menos, el primero de los utilizados para explicar el fascinante –y trascendental– proceso de la producción de fuego; de hecho sustituyó a la denominada Teoría del flogisto que, a pesar de sus principios esencialmente erróneos (según sabemos ahora), constituyó uno de los primeros esquemas conceptuales en el que encajaban la mayor parte de los fenómenos químicos analizados a mediados del siglo XVIII.

Observado en perspectiva podemos afirmar que, al margen de esa comprensividad, el éxito de la teoría del flogisto como fundamento de la combustión se debió, a un deficiente dominio de las técnicas de aislamiento, identificación y manejo de los gases; a un insuficiente control y valoración de las medidas cuantitativas; y a la aparente facilidad con la que explicaba la más espectacular de las combustiones: la de las sustancias orgánicas.


De los dos tipos de combustión más conocidos –la de las sustancias orgánicas y la de los metales– los creadores de la teoría del flogisto escogieron como modelo, la primera; en efecto, los fieros chorros de gas ardiente emitidos de la madera o el carbón pueden haber sugerido la idea de un escape de flogisto desde los cuerpos que arden (de hecho para Becher la combustión era la rotura de un cuerpo con la expulsión de sus componentes más volátiles) hasta quedar reducidos a ligeras cenizas. Los metales, en cambio, muestran un aumento de peso cuando se calientan al aire porque el producto resultante es sólido y no escapa y se pierde en la atmósfera circundante.

El esquema articulado en la teoría del flogisto era especialmente válido para explicar no sólo la combustión de las sustancias orgánicas que ardían en el aire, sustancias ricas en flogisto que se liberaba de ellas combinándose con el aire y, en su caso, en recipientes cerrados, pudiendo llegar a saturarlo con la subsiguiente finalización de la combustión, sino que, también, permitía explicar uno de los procesos químicos de mayor utilidad práctica: la obtención de metales a partir de sus vetas por calentamiento con carbón, según el siguiente esquema:

Veta metálica (óxido) + Flogisto (del carbón)  --- Metal
Este flogisto suministraba a la sustancia terrosa un principio metalizante que lo transformaba en metal; éste, al igual que pensaban los alquimistas, era más complejo que la “cal” (óxido).

Pese a su aparente comprensividad, esta teoría ignoró dos hechos, firmemente establecidos, que contradecían los supuestos de cualquier teoría material sobre el flogisto:

a) que los metales al calcinarse experimentan un aumento (en lugar de una pérdida) de peso

b) que un volumen confinado de aire se contrae (en lugar de expandirse) al quemar un cuerpo en él.

Ya hemos mencionado que una de las razones para la pervivencia de la teoría del flogisto, aparte de por su capacidad para introducir cierto orden en un campo dominado hasta entonces por el caos, fue el escaso conocimiento de la naturaleza de los gases, de modo que puede afirmarse, sin duda, que el descubrimiento más importante del período que se extiende desde 1650 a 1750, aproximadamente, es el de la existencia de cuerpos gaseosos distintos del aire atmosférico. En paralelo con este hecho también tuvo una significación relevante el progreso en el conocimiento de los demás cuerpos.

Todo este trabajo no era, en el fondo, otra cosa que el establecimiento de la naturaleza de las sustancias y su identificación como elementales o compuestas. Un problema de gran envergadura cuya resolución no se alcanzaría hasta una época posterior con el afianzamiento de la teoría atómica de Dalton.


los metales

Los primeros metales debieron de encontrarse en forma de pepitas. Y con seguridad fueron trozos de cobre o de oro, ya que éstos son de los pocos metales que se hallan libres en la naturaleza. El color rojizo del cobre y el tono amarillo del oro debieron de llamar la atención, y el brillo metálico, mucho más hermoso y sobrecogedor que el del suelo circundante, incomparablemente distinto del de las piedras corrientes, impulsaban a cogerlos. Indudablemente, el primer uso que se dio a los metales fue el ornamental, fin para el que servía casi cualquier cosa que se encontrara: piedrecillas coloreadas, perlas marinas...
Sin embargo, los metales presentan una ventaja sobre los demás objetos llamativos: son maleables, es decir, que pueden aplanarse sin que se rompan (la piedra, en cambio, se pulveriza, y la madera y el hueso se astillan y se parten). Esta propiedad fue descubierta por casualidad, indudablemente, pero no debió pasar mucho tiempo entre el momento del hallazgo y aquel en que un cierto sentido artístico llevó al hombre a golpear el material para darle formas nuevas que pusieran más de relieve su atractivo.
Los artífices del cobre se dieron cuenta de que a este metal se le podía dotar de un filo cortante como el de los instrumentos de piedra, y que el filo obtenido se mantenía en condiciones en las que los instrumentos de piedra se mellaban. Posteriormente vieron cómo un filo de cobre romo podía volver a afilarse con más facilidad que uno de piedra. Solamente la escasez del cobre impidió que su uso se extendiera más, tanto en la fabricación de herramientas como en la de objetos ornamentales.
El cobre se hizo más abundante cuando se descubrió que podía obtenerse a partir de unas piedras azuladas. Cómo se hizo este descubrimiento, o dónde o cuándo, es algo que no sabemos y que probablemente no sabremos jamás.
Podemos suponer que el descubrimiento se hizo al encender un fuego de leña sobre un lecho de piedras en el que había algunos trozos de mineral. Después, entre las cenizas, destacarían pequeñas gotas de cobre brillante. Quizá esto ocurrió muchas veces antes de que alguien observara que si se encontraban piedras azules y se calentaban en un fuego de leña, se producía siempre cobre. El descubrimiento final de este hecho pudo haber ocurrido unos 4.000 años a. de C. en la península del Sinaí, al este de Egipto, o en la zona montañosa situada al este de Sumeria, lo que hoy es Irán. O quizá ocurriera simultáneamente en ambos lugares.
En cualquier caso, el cobre fue lo suficientemente abundante como para que se utilizara en la confección de herramientas en los centros más avanzados de la civilización. En una tumba egipcia se ha encontrado una sartén con una antigüedad aproximada de 5.200 años a. de C. En el tercer milenio a. de C. se descubrió una variedad de cobre especialmente dura, obtenida al calentar juntos minerales de cobre y de estaño, casi seguro que por accidente (fig. 1). A la aleación (término que designa la mezcla de dos metales) de cobre y estaño se le llamó bronce, y hacia el año 2000 a. de C. ya era lo bastante común como para ser utilizado en la confección de armas y corazas. Se han hallado instrumentos de bronce en la tumba del faraón egipcio Itetis, que reinó aproximadamente 3.000 años a. de C.
El acontecimiento histórico más conocido de la Edad del Bronce fue la guerra de Troya, en la que soldados con armas y corazas de bronce disparaban flechas con punta de este metal contra sus enemigos. Un ejército sin armas de metal estaba indefenso frente a los «soldados de bronce», y los forjadores de aquella época gozaban de un prestigio semejante al de nuestros físicos nucleares. Eran hombres poderosos que siempre tenían un puesto entre los reyes. Y su oficio fue divinizado en la persona de Hefaistos, dios mitológico de la fragua. Incluso hoy día -y no por casualidad- «Smith, o alguno de sus equivalentes, es el apellido más común entre los pueblos de Europa[1].
La suerte iba a favorecer de nuevo al hombre de la Edad del Bronce, que descubrió un metal aún más duro: el hierro. Por desgracia era demasiado escaso y precioso como para poder usarlo en gran cantidad en la confección de armaduras. En efecto, en un principio las únicas fuentes de hierro eran los trozos de meteoritos, naturalmente muy escasos. Además, no parecía haber ningún procedimiento para extraer hierro de las piedras.
El problema radica en que el hierro está unido mucho más firmemente, formando mineral, de lo que estaba el cobre. Se requiere un calor más intenso para fundir el hierro que para fundir el cobre. El fuego de leña no bastaba para este propósito, y se hizo necesario utilizar el fuego de carbón vegetal, más intenso, pero que sólo arde en condiciones de buena ventilación.
El secreto de la fundición del hierro fue por fin desvelado en el extremo oriental de Asia Menor, y al parecer en una época tan temprana como 1.500 años a. de C. Los hititas, que habían levantado un poderoso imperio en Asia Menor, fueron los primeros en utilizar corrientemente el hierro en la confección de herramientas. Se conservan cartas que un rey hitita envió a su virrey, destacado en una región montañosa rica en hierro, fechadas aproximadamente en el 1280 a. de C, y en las que se dan detalles inequívocos sobre la producción del metal.
El hierro puro (hierro forjado) no es demasiado duro. Sin embargo, un instrumento o una armadura de hierro mejoraban al dejar que una cantidad suficiente de carbón vegetal formara una aleación con ese metal. Esta aleación -que nosotros llamamos acero- se extendía como una piel sobre los objetos sometidos a tratamiento y les confería una dureza superior a la del mejor bronce, manteniéndose afilados durante más tiempo. El descubrimiento en territorio hitita de la manufactura del acero marca el punto crucial en la metalurgia del hierro. Un ejército protegido y armado con hierro duro podía enfrentarse a otro ejército pertrechado de bronce con muchas probabilidades de vencer. Estamos en la Edad del Hierro.

Mineral de hierro y Crisol
Crisoles primitivos ideados para alcanzar la temperatura adecuada para la reducción de los diferentes minerales. En el horno para cobre (a) la mena fundía en un crisol sobre fuego de leña. La reducción del mineral de hierro (b) requería más calor, y para obtenerlo se llenaba el horno de carbón vegetal, suministrando oxígeno mediante un fuelle
Figura 1. Crisoles primitivos ideados para alcanzar la temperatura adecuada para la reducción de los diferentes minerales. En el horno para cobre (a) la mena fundía en un crisol sobre fuego de leña. La reducción del mineral de hierro (b) requería más calor, y para obtenerlo se llenaba el horno de carbón vegetal, suministrando oxígeno mediante un fuelle.

Los dorios, antigua tribu griega, equipados con armas de hierro, invadieron la península de Grecia desde el norte, más o menos en el 1100 a. de C, y gradualmente fueron venciendo a los pueblos micénicos que, pese a su más avanzada civilización, sólo disponían de armamento de bronce. Otros grupos de griegos penetraron en Canaán portando armas de hierro. Eran los filisteos, que tan importante papel juegan en los primeros libros de la Biblia. Frente a ellos los israelitas permanecieron indefensos hasta que, bajo el mando de Saúl, fueron capaces de fabricarse sus propias armas de hierro.
El primer ejército abundantemente equipado con hierro de buena calidad fue el asirio, lo que le permitió, 900 años a. de C., formar un poderoso imperio.
Antes de que apuntaran los días gloriosos de Grecia, las artes químicas habían alcanzado un estado de desarrollo bastante notable. Esto era particularmente cierto en Egipto, donde los sacerdotes estaban muy interesados en los métodos de embalsamado y conservación del cuerpo humano después de la muerte. Los egipcios no sólo eran expertos metalúrgicos, sino que sabían preparar pigmentos minerales y jugos e infusiones vegetales[2].
De acuerdo con cierta teoría, la palabra khemeia deriva del nombre que los egipcios daban a su propio país: Kham. (Este nombre se usa también en la Biblia, donde, en la versión del rey Jacobo, se transforma en Ham.) Por consiguiente, khemeia puede ser «el arte egipcio».
Una segunda teoría, algo más apoyada en la actualidad, hace derivar khemeia del griego khumos, que significa el jugo de una planta; de manera que khemeia sería «el arte de extraer jugos». El mencionado jugo podría ser sustituido por metal, de suerte que la palabra vendría a significar el «arte de la metalurgia».
Pero, sea cual sea su origen, khemeia es el antecedente de nuestro vocablo «química».

museo de ciencia

para que se informen, se encuentra una serie de salas y laboratorios e institutos para que ustedes indagen, sobre la historia de la ciencia, sus colecciones, este museo se encuentra unas paginas enlazadas para fomentar la informacion de su museo, nos muestra un aula virtual, es del consejo superior de investigaciones cientificas del gobierno de españa.

se los recomiendo


 http://museovirtual.csic.es/



ELECTROSCOPIOS / ELECTRÓMETROS / OTROS
Electroscopio Elster y Geitel
Electrómetro
Electroscopio de Elster y Geitel
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Cámara de ionización
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Conductímetro de Kohlrausch
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videos que te ayudaran


la alquimia


En la Edad Media, y especialmente en el período del 400-1000, conocido por la Edad Tenebrosa, la preocupación teológica llena los espíritus y únicamente hacia el siglo VII empieza a adquirir la Ciencia entre los árabes una cierta importancia.  Los conocimientos químicos aprendidos de los egipcios y las ideas filosóficas heredadas de los antiguos a través de la Escuela alejandrina dieron a la alquimia en manos de los árabes, y después en toda Europa, una significación especial.
TALLER DE ALQUIMIA (CARICATURA)Los alquimistas consideraron los metales como cuerpos compuestos formados por dos cualidades-principios comunes, el mercurio, que representaba el carácter metálico y la volatilidad, y el azufre que poseía la propiedad de combustibilidad. En el curso del tiempo se unió un tercer principio, la sal, que tenía la propiedad de la solidez y la solubilidad. Estos tres principios o elementos, los llamados «tría prima» de los alquimistas substituyeron en la Edad Media a los elementos aristotélicos, y aunque al principio tuvieron un carácter abstracto, fueron considerados más tarde como materiales. Consecuencia inmediata de su pensamiento fue para los alquimistas la posibilidad de la transmutación de los metales innobles en nobles y, concretamente, la conversión del plomo, mercurio u otros metales corrientes en oro.
Esta transmutación, conocida como la «Gran Obra», debía realizarse en presencia de la «piedra filosofal» cuya preparación fue la tarea primera de los alquimistas.  En el siglo XIII se extendió el objetivo de la alquimia al buscar el «elixir filosofal o de larga vida», imaginado como una infusión de la piedra filosofal, el cual debía eliminar la enfermedad, devolver la juventud, prolongar la vida e incluso asegurar la inmortalidad. Se comprende que los alquimistas viejos dedicasen sus últimas fuerzas a la consecución de este sueño.
Hoy conocemos que el problema de los alquimistas no era en esencia absurdo, aunque sí por la enorme desproporción entre los medios de que disponían y los que serían necesarios. La producción artificial del oro para la ciencia del Medioevo era un simple problema de técnica como puede serlo la del diamante para nosotros o la fabricación de albuminoides.
La Alquimia fue, en general, una práctica secreta debido a los hombres que la relacionaban con la magia y a causa de Dios, pues los alquimistas se creían los elegidos para ser depositarios de la verdad y por ello no debían divulgar sus conocimientos.  Escribieron en un lenguaje hermético describiendo más bien operaciones qué hechos y haciendo uso de signos y símbolos. Un libro de alquimia, el Liber Mutus, no contiene ningún texto sino quince grabados, en su mayoría ininteligibles, para hacer conocer la preparación de la piedra filosofal.
Para un iniciado, un dragón que se muerde la cola es la imagen de la unidad de la materia, un pájaro que levanta el vuelo es la sublimación, y un pájaro que desciende a tierra es la precipitación.  Un toro o un león simbolizan la tierra, un águila el aire, una ballena el agua y un dragón o una salamandra el fuego. Cuando GEBER escribe “envíame los seis leprosos que yo los curaré”, hay que adivinar que los seis leprosos son los seis metales no nobles y que su curación consiste en su transmutación en oro. Obligados a escribir en un estilo alegórico, confuso y lleno de Misterio, y ofuscados por un exceso de dogmatismo filosófico, no es de extrañar que la Alquimia progresase muy lentamente.
Los trabajos de los alquimistas, aunque infructuosos en el descubrimiento de la piedra filosofal y del elixir de larga vida, y estériles, por tanto, en la consecución de la «Gran Obra», produjeron indudables progresos a la química del laboratorio, puesto que prepararon un gran número de nuevas substancias, perfeccionaron muchos aparatos útiles y desarrollaron técnicas que constituyen la base de la subsiguiente investigación.
La alquimia árabe aparece con su más brillante cultivador GEBER (Abou Moussah Diafar al Sofi Geber), que parece vivió y murió en Sevilla hacia finales del siglo VIII y fue uno de los sabios más grandes del mundo. GEBER escribió numerosas obras y entre ellas la Summa Perfectionis, el tratado de Química más antiguo que se conoce.  Posteriores a GEBER son RHASÉS 0 RAZÉs (siglo X), AVICENA (siglo XI), cuyo prestigio fue inmenso como alquimista, filósofo, astrónomo, matemático y, sobre todo, médico, y AVERROES (1126-1198), nacido en Córdoba, célebre por sus comentarios sobre ARISTÓTELES y que ejerció un gran influjo en el pensamiento medieval.  Se reconoce a los árabes el preparar la sal amoníaco, el aceite de vitriolo (ácido sulfúrico), el agua fuerte (ácido nítrico), el agua regia, ciertos sulfuros metálicos, varios compuestos de mercurio y arsénico, y la preparación del espíritu de vino (alcohol).,
Hasta las Cruzadas el árabe fue la lengua exclusiva de la Ciencia, y Córdoba el foco de la cultura.  La reconquista de Toledo en 1085 y la creación de su Escuela de Traductores lleva a esta ciudad a los estudiosos del mundo latino para aprender árabe y tomar contacto con la nueva ciencia.  Los siglos X, XI y XII, de total postración científica en el mundo occidental, fueron los más florecientes para la ciencia española (arábiga-judaica-cristiana), la cual, al difundirse a toda Europa, originó en el siglo XIII un poderoso resurgimiento científico en el que la Alquimia adquiere una extensa significación.
SAN ALBERTO MAGNOEntre los alquimistas de Occidente hay que destacar en primer lugar, cronológicamente y por su sabiduría, a SAN ALBERTO MAGNO (1193 o 1206-I280), dominico alemán, llamado el Doctor Universal- y considerado como el ARISTÓTELES de la Edad Media, y de los pocos que en esta época se dedicaron a observar por sí mismos a la Naturaleza. Profesó en -París con un éxito tan extraordinario que tenía que dar sus lecciones al aire libre, pues ninguna sala podía contener a sus discípulos y admiradores.  En I248 volvió a Colonia y fue obispo de Ratisbona de 1260 a I262.
Se debe a SAN ALBERTO la preparación de la potasa cáustica mediante la cal, procedimiento que aún se practica en los laboratorios. Describe con exactitud la afinación del oro y de la plata mediante copelación con plomo, establece la composición del cinabrio, señala el efecto del calor sobre el azufre y emplea por vez primera la palabra afinidad en el sentido usado hoy día al decir que «el azufre ennegrece la plata y abrasa en general a los metales a causa de la afinidad natural que tiene por ellos». Explica en sus obras la preparación de la cerusa y del minio, y la de los acetatos de cobre y plomo; expone la acción del agua fuerte (ácido nítrico) sobre los metales, y señala, el primero, la separación mediante ella del oro y de la plata en las aleaciones preciosas. En sus escritos se manifiesta enemigo de la ciencia secreta, y cuando se le ve sostener que el oro de los alquimistas no es el oro puro y que el cuerpo obtenido exponiendo el cobre a los vapores de arsénico no es la plata, SAN ALBERTO adquiere categoría de precursor.  En su tratado De Alchimia expone las condiciones que debe reunir un alquimista, y que en su casi totalidad pueden aplicarse a los químicos actuales.
Contemporáneo de SAN ALBERTO es el inglés ROGER BACON (I2I4-I294), fraile franciscano que profesó en París y en Oxford, y la más vasta inteligencia que ha tenido Inglaterra. En su obra Speculum alchimiae alude a un aire que es alimento del fuego y otro que lo apaga, habla de una llama producida al destilar las materias orgánicas y vulgariza el empleo de la pólvora. Defendió la experimentación y combatió con tesón a ARISTÓTELES. Fue también un gran físico cuyos trabajos en el campo de la Óptica fueron muy notables.
Debe también mencionarse a SANTO TOMÁS DE AQUINO (1225-I274), el Doctor Angélico, discípulo de SAN ALBERTO en Colonia, que escribió un tratado sobre la esencia de los minerales y otro sobre la piedra filosofal; RAMÓN LULL o RAIMUNDO LULIO (I235-I3i~5), el Doctor Iluminado, fogoso alquimista y apóstol español, de Mallorca, que escribió numerosas obras e hizo escuela entre los alquimistas al fijar la atención sobre los productos volátiles de la descomposición de los cuerpos; ARNALDO DE VILANOVA (1245-1314), médico alquimista catalán, cuyas obras publicadas dos siglos más tarde ejercieron una gran influencia; Nicolás FLAMEL (1330-1418), francés, que consiguió enormes riquezas y que hizo creer a sus contemporáneos que había descubierto el secreto de la piedra filosofal; y el monje benedictino alemán Basilio VALENTIN (siglo XV), de cuya existencia real se duda en la actualidad, autor de varias obras, siendo la más conocida El Carro Triunfal del Antimonio.


introduccion de la historia de la quimica

La historia de la química está intensamente unida al desarrollo del hombre ya que embarca desde todas las transformaciones de materias y las teorías correspondientes. A menudo la historia de la química se relaciona íntimamente con la historia de los químicos y - según la nacionalidad o tendencia política del autor - resalta en mayor o menor medida los logros hechos en un determinado campo o por una determinada nación.


La ciencia química surge en el siglo XVII a partir de los estudios de alquimia populares entre muchos de los científicos de la época. Se considera que los principios básicos de la química se recogen por primera vez en la obra del científico británico Robert Boyle: The Skeptical Chymist (1661). La química como tal comienza sus andares un siglo más tarde con los trabajos del francés Antoine Lavoisier y sus descubrimientos del oxígeno, la ley de conservación de masa y la refutación de la teoría del flogisto como teoría de la combustión.


La Historia de la Química puede dividirse en 4 grandes épocas:
1.- La antiqüedad, que termina en el siglo III a.C. Se producían algunos metales a partir de sus minerales (hierro, cobre, estaño). Los griegos creían que las sustancias estaba formada por los cuatros elementos: tierra, aire, agua y fuego. El atomismo postulaba que la materia estaba formada de átomos. Teoría del filósofo griego Demócrito de Abdera. Se conocían algunos tintes naturales y en China se conocía la pólvora.
2.- La alquimia, entre los siglos III a.C. y el siglo XVI d.C Se buscaba la piedra filosofal para transformar metales en oro. Se desarrollaron nuevos productos químicos y se utilizaban en la práctica, sobre todo en los países árabes Aunque los alquimistas estuvieron equivocados en sus procedimientos para convertir por medios químicos el plomo en oro, diseñaron algunos aparatos para sus pruebas, siendo los primeros en realizar una "Química Experimental".
3.- La transición, entre los siglos XVI y XVII Se estudiaron los gases para establecer formas de medición que fueran más precisas. El concepto de elemento como una sustancia que no podía decomponerse en otras. La teoría del flogisto para explicar la combustión.
4.- Los tiempos modernos que se inician en el siglo XVIII cuando adquiere las características de una ciencia experimental. Se desarrollan métodos de medición cuidadosos que permiten un mejor conocimiento de algunos fenómenos, como el de la combustión de la materia.






la piedra y el fuego

Los primeros hombres que empezaron a utilizar instrumentos se servían de la naturaleza tal como la encontraban. El fémur de un animal de buen tamaño o la rama arrancada de un árbol eran magníficas garrotas. Y, ¿qué mejor proyectil que una piedra?
Con el paso de los milenios, los hombres primitivos aprendieron a tallar las piedras, dándoles un borde cortante o una forma que permitiera asirlas fácilmente. El siguiente paso consistió en unir la piedra a un astil de madera tallado para este propósito. Pero, de todas formas, sus piedras talladas seguían siendo piedras, y su madera tallada seguía siendo madera.
Sin embargo, había ocasiones en que la naturaleza de las cosas sí cambiaba. Un rayo podía incendiar un bosque y reducirlo a un montón de cenizas y restos pulverizados, que en nada recordaban a los árboles que había antes en el mismo lugar. La carne conseguida mediante la caza podía estropearse y oler mal; y el jugo de las frutas podía agriarse con el tiempo, o convertirse en una bebida extrañamente estimulante.
Este tipo de alteraciones en la naturaleza de las sustancias (acompañadas, como a veces descubrían los hombres, de cambios fundamentales en su estructura) constituyen el objeto de la ciencia que hemos dado en llamar Química. Y una alteración fundamental en la naturaleza y en la estructura de una sustancia es un cambio químico.
La posibilidad de beneficiarse deliberadamente de algunos fenómenos químicos se hizo realidad cuando el hombre fue capaz de producir y mantener el fuego (lo que en términos históricos se conoce como «descubrimiento del fuego»). Tras este hallazgo el hombre se convirtió en un químico práctico al idear métodos para que la madera -u otro material combustible- se combinase con el aire a una velocidad suficiente y producir así luz y calor, junto con cenizas, humo y vapores. Había que secar la madera y reducir a polvo una parte para utilizarla como yesca; había que emplear algún método -como el frotamiento- para alcanzar la temperatura de ignición, y así sucesivamente.
El calor generado por el fuego servía para producir nuevas alteraciones químicas: los alimentos podían cocinarse, y su color, textura y gusto cambiaban. El barro podía cocerse en forma de ladrillos o de recipientes. Y, finalmente, pudieron confeccionar cerámicas, piezas barnizadas e incluso objetos de vidrio.
Los primeros materiales que usó el hombre eran universales, en el sentido de que se encuentran en cualquier parte: madera, hueso, pieles, piedras... De todos ellos la piedra es el más duradero, y los útiles de piedra tallada son los documentos más claros de que disponemos actualmente para conocer aquel dilatado periodo. Por eso hablamos de la Edad de la Piedra.
Aún estaba el hombre en esta época de la piedra tallada cuando, unos 8.000 años a. de C, en la región que ahora conocemos como Oriente Medio, se introdujo un cambio revolucionario en la producción de alimentos: hasta ahora el hombre obtenía la comida cazando, igual que cualquier otro animal. Pero a partir de este momento aprendió a domesticar y cuidar animales, disponiendo así siempre de comida abundante y segura. Y, lo que es aún más importante, aprendió a cultivar las plantas. Como consecuencia de la acumulación de alimentos que trajeron consigo la cría de animales y la agricultura, se registró un importante aumento de la población. La agricultura exige fijar el lugar de residencia, y así nuestros antecesores construyeron viviendas, desarrollándose poco a poco las primeras ciudades. Esta evolución determina literalmente el comienzo de la «civilización», pues esta palabra viene del término que en latín significa «ciudad».
Durante los dos primeros milenios de esta civilización naciente, la piedra se mantuvo como material característico de los instrumentos, si bien se descubrieron nuevas técnicas de manufactura. Esta Nueva Edad de la Piedra o Neolítico se caracterizó por un cuidadoso pulido de la piedra. La alfarería fue otro de los factores que contribuyeron al desarrollo. Lentamente, los logros del Neolítico superior se extendieron fuera de la región de Oriente Medio. Hacia el año 4000 a. de C. aparecen características de esta cultura en el oeste de Europa. Pero en esta época las cosas ya estaban suficientemente maduras en Oriente Medio, Egipto y Sumeria, lo que hoy es Irak, para que se produjesen nuevos cambios.
El hombre empezaba a servirse de unos materiales relativamente raros. Alentado por las útiles propiedades de estos materiales, aprendió a sobrellevar las incomodidades de una búsqueda tediosa y unos procedimientos complicados y llenos de contrariedades. A estos materiales se les conoce por el nombre de metales, palabra que expresa ella misma el cambio, ya que probablemente deriva del vocablo griego que significa «buscar».