La combustión
¿Por qué era la cuestión de
la combustión tan importante? ... En primer lugar porque se trata del
más espectacular y fundamental de todos los procesos químicos
familiares. En segundo término porque es un proceso en el que aparecen
implicados los cuatro elementos aristotélicos y en tercer lugar porque
la combustión es, literalmente, de importancia vital: ya que es una
lenta y regulada combustión la que mantiene el calor animal en los
procesos metabólicos de los que depende la vida animal.
A fin de orientarse en el
proceso de desentrañamiento de la naturaleza de la combustión conviene
tener claras ciertas ideas sobre el modo en que ésta se concibe desde
nuestra perspectiva actual (que no es otra que la de Lavoisier):
a) El aire es esencialmente una mezcla de dos gases, oxígeno y nitrógeno.
b) La combustión y la
respiración implican reacciones químicas entre compuestos de carbono y
oxígeno con producción de agua y dióxido de carbono, excepto cuando el
reactivo sea sólo carbono en cuyo caso únicamente se genera dióxido de
carbono.
c) Cuando un metal se calienta
en presencia de aire, se forma un óxido (cal) al combinarse aquél con el
oxígeno - el proceso recibía el nombre de calcinación en la literatura
alquímica-.
d) Muchos óxidos, al ser
calentados con carbón, generan el metal y dióxido de carbono, resultado
de la combinación del oxígeno del óxido con el carbono.
e) El óxido de mercurio, tiene,
sin embargo, la inusual propiedad de convertirse en mercurio metálico
sin el concurso del carbón al calentarse a temperaturas elevadas.
El esquema anterior no nació ex nihilo
y no fue, ni mucho menos, el primero de los utilizados para explicar el
fascinante –y trascendental– proceso de la producción de fuego; de
hecho sustituyó a la denominada Teoría del flogisto que, a
pesar de sus principios esencialmente erróneos (según sabemos ahora),
constituyó uno de los primeros esquemas conceptuales en el que encajaban
la mayor parte de los fenómenos químicos analizados a mediados del
siglo XVIII.
Observado en perspectiva podemos
afirmar que, al margen de esa comprensividad, el éxito de la teoría del
flogisto como fundamento de la combustión se debió, a un deficiente
dominio de las técnicas de aislamiento, identificación y manejo de los
gases; a un insuficiente control y valoración de las medidas
cuantitativas; y a la aparente facilidad con la que explicaba la más
espectacular de las combustiones: la de las sustancias orgánicas.
De los dos tipos de combustión
más conocidos –la de las sustancias orgánicas y la de los metales– los
creadores de la teoría del flogisto escogieron como modelo, la primera;
en efecto, los fieros chorros de gas ardiente emitidos de la madera o el
carbón pueden haber sugerido la idea de un escape de flogisto desde los
cuerpos que arden (de hecho para Becher la combustión era la rotura de un cuerpo con la expulsión de sus componentes más volátiles)
hasta quedar reducidos a ligeras cenizas. Los metales, en cambio,
muestran un aumento de peso cuando se calientan al aire porque el
producto resultante es sólido y no escapa y se pierde en la atmósfera
circundante.
El esquema articulado en la
teoría del flogisto era especialmente válido para explicar no sólo la
combustión de las sustancias orgánicas que ardían en el aire, sustancias
ricas en flogisto que se liberaba de ellas combinándose con el aire y,
en su caso, en recipientes cerrados, pudiendo llegar a saturarlo con la
subsiguiente finalización de la combustión, sino que, también, permitía
explicar uno de los procesos químicos de mayor utilidad práctica: la
obtención de metales a partir de sus vetas por calentamiento con carbón,
según el siguiente esquema:
Veta metálica (óxido) + Flogisto (del carbón) --- Metal
Este
flogisto suministraba a la sustancia terrosa un principio metalizante
que lo transformaba en metal; éste, al igual que pensaban los
alquimistas, era más complejo que la “cal” (óxido).
Pese
a su aparente comprensividad, esta teoría ignoró dos hechos, firmemente
establecidos, que contradecían los supuestos de cualquier teoría
material sobre el flogisto:
a) que los metales al calcinarse experimentan un aumento (en lugar de una pérdida) de peso
b) que un volumen confinado de aire se contrae (en lugar de expandirse) al quemar un cuerpo en él.
Ya hemos mencionado que una de
las razones para la pervivencia de la teoría del flogisto, aparte de por
su capacidad para introducir cierto orden en un campo dominado hasta
entonces por el caos, fue el escaso conocimiento de la naturaleza de los
gases, de modo que puede afirmarse, sin duda, que el descubrimiento más
importante del período que se extiende desde 1650 a 1750,
aproximadamente, es el de la existencia de cuerpos gaseosos distintos
del aire atmosférico. En paralelo con este hecho también tuvo una
significación relevante el progreso en el conocimiento de los demás
cuerpos.
Todo este trabajo no era, en el
fondo, otra cosa que el establecimiento de la naturaleza de las
sustancias y su identificación como elementales o compuestas. Un
problema de gran envergadura cuya resolución no se alcanzaría hasta una
época posterior con el afianzamiento de la teoría atómica de Dalton.





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